Aunque mi idea de blog es la de evitar el copy&paste, voy a pegar un artículo del diario Málaga Hoy que me parece muy oportuno en unos meses en los que se han confirmado varios “donde dije digo, digo Diego” acerca de las promesas de la Junta tanto sobre proyectos clave para Málaga como el tren litoral como a lo prometido en la campaña del referendum del nuevo estatuto, es decir, reconocer el peso socioeconómico de Málaga dotándola simbólicamente de los organismos económicos andaluces (Tribunal de Cuentas, Consejo Económico y Social y sede de la caja única andaluza.
diario Málaga Hoy, 30-11-2008
No se es cateto, provinciano o localista cuando se constata que en Málaga está arraigado un fuerte sentimiento de agravio con Sevilla, que data incluso antes de los tiempos de la Expo’92
DICEN que la confianza es algo que se construye con enorme dificultad y se pierde muy fácilmente. A la vista de los últimos acontecimientos, la relación entre Málaga y la Junta de Andalucía necesita de urgencia un consultor matrimonial, pues lleva tiempo dando síntomas de divorcio. No se es cateto, provinciano o localista cuando se constata que en Málaga está arraigado un fuerte sentimiento de agravio con Sevilla, que data incluso antes de los tiempos de la Expo’92. Tampoco resulta exagerado afirmar que muchas veces se ha capitalizado de forma irresponsable ese sentimiento. Pocas cosas tan ridículas como Javier Arenas, hace una semana, clamando contra las injusticias, castigos e interferencias que el centralismo sevillano de la Junta ha cometido contra Málaga. Hay que tener mucha jeta para soltar ese discurso delante de los populares malagueños, los que mejores resultados le consiguen, después de haber forzado varias crisis desde su despacho hispalense, la última la salida de Ramírez, y seguir sin resolver el desastre electoral de sus compañeros sevillanos.
Pero lo cierto es que hay argumentos objetivos más que sobrados para dar pie a esa sensación de agravio, para llenar de hechos la hoja de reclamaciones. Construir Andalucía debería ser algo más que colocar el -feo- logotipo de la Junta por todas partes, desde los autobuses hasta las cortinas de las duchas de los hospitales. En una comunidad que tiene en su diversidad su mayor fortaleza, los sucesivos gobiernos socialistas de Rodríguez de la Borbolla y Manuel Chaves no han hecho ningún esfuerzo, sino todo lo contrario, por que no se identifiquen como un mismo concepto Junta y Sevilla. Como si las responsabilidades del ejecutivo autonómico no estuvieran en las ocho provincias. Cada vez que ha habido un problema, una carencia, un ridículo, los propios delegados provinciales lo han achacado a decisiones tomadas por “Sevilla”. Cada vez que ha habido una transferencia desde el Gobierno central al andaluz la sede siempre se ha quedado en la ciudad de la Giralda, creando absurdos como el de la Cuenca Mediterránea y la historia del desmantelamiento progresivo de uno de los pocos organismos estatales y multiprovinciales con sede en Málaga. Incluso se han llegado a crear entidades autonómicas con sede en Málaga, como el Centro Andaluz de Emprendedores, para después llevar las oficinas centrales adonde pueden suponer.
Si hay algo que debiera de enseñarse en las facultades de Periodismo es que no hay mejor arma que las hemerotecas. No tienen piedad. Y aunque este periódico es joven, ya está lleno de promesas incumplidas, demasiadas de ellas realizadas por el Gobierno andaluz. Esta semana hemos asistido a la demostración de una de ellas: el cinturón verde. Viene en 1999 el consejero de Medio Ambiente y presenta un plan por casi 240 millones de euros para reforestar toda la corona metropolitana de Málaga y multiplicar por cinco la superficie forestal de Los Montes. Desde entonces hasta 2004, la reclamación de fondos europeos para el proyecto al Gobierno del PP es continua. Pero cuando ganan los compañeros socialistas, si te he visto no me acuerdo. El plan se guarda en un cajón y ahora los nuevos responsables de la Delegación ni lo conocen.
Algo parecido ocurre con el tren litoral de la Costa del Sol. Chaves lo convierte, por dos veces, en su principal promesa electoral en esta provincia. Presenta el plan en el año 2000. Y otra vez vuelve a la carga con reclamaciones, agravios e injusticias al Ejecutivo de Aznar. Curiosamente ahora el proyecto sigue parado por enfrentamientos técnicos y financieros con el Ministerio de Fomento que dirige la malagueña y ex consejera Magdalena Álvarez, y en los presupuestos de 2009 se consignan unos míseros 8 millones para una infraestructura que valdrá 4.500. Del tren hacia la Axarquía mejor ni hablar, porque parece de ciencia ficción. Hasta con la principal obra acometida nunca por el Gobierno andaluz en Málaga, el Metro, se está haciendo política barata. El Ayuntamiento es seguramente el único culpable del largo retraso inicial. De la Torre se temía una trampa electoral con las zanjas en el granero de votos de la ciudad y no se la encontró. Pero los socialistas se la guardan para el año 2011. Visto el ritmo de tortuga al que van los trabajos, pocos dudan de que en el Metro de Málaga se ha dado la consigna política de impedir su inauguración antes de las próximas elecciones municipales, no sea que el alcalde se lleve el mérito. Eso sí, para las autonómicas de 2012 estará más que rodando. Y eso que estaba prevista su puesta en marcha en febrero de 2009.
En Marbella, tres cuartas partes de lo mismo. Tras la invasión de consejeros y consejeras para hacer campaña a favor del compañero Paulino Plata, estrategia que fue amonestada por la propia junta electoral, nada más se ha sabido de las grandes, medianas y pequeñas promesas ni de los consejeros tras la victoria de la rival popular. Curiosamente, el único que aparece por allí es el sucesor de Plata, Luciano Alonso, que a fin de cuentas es malagueño. Pero ni tecnópolis, ni avalancha de inversiones para superar la era Gil, ni ná de ná.
En materia de puertos deportivos, si se ha visto por la provincia a la responsable del organismo autonómico que supuestamente los promueve, Montserrat Badía, ha sido en Antequera, para negociar el puerto seco. De acercarse al Mediterráneo, poco. El resto de proyectos de marinas y ampliaciones llevan años parados, en trámites interminables que lastran una economía turística y que han dejado pequeñas todas las obras que se proyectaban. En cuanto a la sanidad y la educación, las dos grandes competencias de la Junta, Málaga está o muy por debajo o muy por encima de la media en los principales ratios, siempre en aspectos negativos: pocas camas por habitantes y muchos niños por aula. Y tras negar durante años la necesidad de un tercer hospital, y tras prometer durante años hospitales comarcales como el de Ronda o el del Guadalhorce, la consejera de Salud se saca de la manga el proyecto del megahospital, próximo candidato a protagonizar durante años los debates con el PP en los que tan a gusto se sienten los responsables autonómicos.
Tras la enumeración anterior, cabe preguntarse si desde la Junta, si desde Sevilla, si desde el PSOE regional, se ve a Málaga como territorio hostil y, lo peor de todo, si se ha dado esta batalla por perdida. Y la derrotada con ello es toda la comunidad, que está desaprovechando una gran baza de desarrollo y pujanza económica. En las últimas seis elecciones autonómicas, los populares han ganado aquí tres veces y casi empatado una. Por el contrario, en la provincia hispalense, los socialistas avasallan siempre a los populares. En los últimos comicios les sacaron 242.000 votos de ventaja y cinco parlamentarios, en las anteriores 320.000 sufragios y seis diputados. ¿Para qué emplear tiempo, dinero y esfuerzo en recuperar la confianza en la provincia más dinámica de Andalucía?